Historias De La inseguridad S.A Episodio Nº7

miércoles, 2 de mayo de 2012


Desnudos, desamparados y sin futuro

La festividad de los trabajadores estaba perdiendo gas en los últimos tiempos… la clase obrera aprovechaba esta festividad para pasar un jornada de asueto con su familia lejos de su rutina diaria, dándole la espalda a unas concentraciones devaluadas sobre todo por la pérdida de la credibilidad de los sindicatos convocantes. La crudeza de la crisis ha conseguido de alguna forma reactivar y darle otra vez sentido a las reivindicaciones propias del 1º de Mayo, aunque son muchos los asalariados que subrayan que el reclamar justicia social y laboral con motivo de este día nada tiene que ver con dar respaldo a unas centrales sindicales ancladas en el pasado y que han vendido su alma al gobierno de turno a cambio de mantener sus privilegios y prebendas.

El colectivo de trabajadores de la seguridad privada lleva muchos años sufriendo en sus carnes las consecuencias de unas prácticas sindicales erróneas, sobre todo cada vez que se ha tenido que negociar un nuevo convenio colectivo. Estos señores “de la parte social” se han destacado por desplegar una actitud tan servil con la patronal que casi ha rozado lo vergonzante. Así han salido los convenios que han salido. Unos acuerdos que han ido recortando derechos y congelando salarios. Esto ha sido posible en gran medida porque la patronal se ha curado en salud escogiendo meticulosamente a sus interlocutores sociales, que en las últimas décadas no han variado casi nada en su configuración.

El último y vergonzante pasteleo empezó a finales de 2011, cuando a los empresarios del ramo se les metió en la cabeza que el convenio en vigor ya no les servía y que, sobre todo, no podían asumir la subida salarial que estaba pactada para el año 2012. Después de varias reuniones “de cortesía” acordaron con los sindicatos planificar un conflicto colectivo. El problema es que, en esta ocasión, la jugada no les salió bien porque los sindicatos independientes decidimos incorporarnos también al conflicto colectivo. A los señores negociantes se ve que no les agradaba esta presencia “ajena e inesperada” y es lo que precipitó un acuerdo sorpresa vía SIMA, sistema de arbitraje previo a la formalización del conflicto colectivo. Por supuesto, dichos acuerdos se adaptaron perfectamente a las necesidades de la parte empresarial empeñada en renegociar a su antojo lo ya negociado. Lo demás ya lo conoce todo el mundo: en 15 días se cerró el texto del nuevo convenio colectivo que pasará a la historia como la negociación colectiva más rápida jamás conocida. Todo al dictado y según las necesidades del sector, y listo para consumir. Es lo que nos espera, años de precariedad y de contención salarial sin límites, que pueden prolongarse allá hasta finales de 2018.

En este contexto, nada es de extrañar ni nos puede sorprender. Pero, como la imaginación no tiene límites, llamativa fue la presencia en la última manifestación del 1-M de un grupo de trabajadores de la seguridad privada “en paños menores” y tapando sus vergüenzas con la crudeza de sus nóminas. Querían llamar la atención de la ciudadanía sobre las circunstancias que rodean a la profesión ¡y bien que lo consiguieron! Una reportera quiso dejar constancia de tan curiosa exposición pública y se les acercó para entrevistarlos. ¿Cómo han llegado a esta situación? Les preguntó. Ellos le dieron “pelos y señales” de la situación actual de la profesión. Hablaron con amargura y resentimiento, pero también sabiendo que la opinión pública debía conocer el drama por el que están pasando las personas que se dedican a la seguridad privada.

Y les contaron como habían estado engañados tantos años con la trampa de las horas extras y de lo corto que era su salario base, que no les da para llegar a fin de mes, todo ello fruto de unos negociantes de convenios con “pocos escrúpulos”. También comunicaron hasta qué punto estaban abandonados en sus puestos de trabajo, donde en cualquier momento podían ser objeto de una agresión. Sin medios, sin cobertura operativa, sin medidas preventivas ni de salud… mano de obra barata que cubre eficientemente las necesidades de seguridad del mercado privado. La reportera se interesó en saber por qué no tenían carácter de agente de la autoridad, si al fin y al cabo hacían funciones similares a los cuerpos de seguridad del estado, por qué no portaban armas en aquellas ocasiones en la que la situación así lo requiriese, por qué no trabajaban “en parejas” para mejorar su seguridad, por qué… tantas y tantas preguntas cargadas de razón y de lógica a la que los vigilantes no sabían dar una respuesta coherente.

La reportera, que se enfrentaba por la mañana a cubrir otra manifestación más del 1-M de forma rutinaria, se encontró finalmente con una realidad desconocida hasta la fecha, y un grupo de trabajadores desnudos social, laboral y jurídicamente, desamparados y sin futuro. Descubrió, sin proponérselo, la crudeza de la “inseguridad de la seguridad”.

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